El envejecimiento de nuestras mascotas
El envejecimiento de las mascotas es algo que está preocupando últimamente a los veterinarios y a los dueños. Ser viejo no es una enfermedad. Hay que entender las alteraciones propias del paso de la edad y distinguirlas de los procesos patológicos. Hay que dotar de una aceptable calidad de vida a nuestros animales.
Estudio científicos están demostrando que la esperanza de vida es proporcionalmente inversa al tamaño del perro, es decir, perros de razas grandes o gigantes suelen envejecer antes que las razas pequeñas o miniaturas.
Los efectos de la edad tienen un gran impacto sobre las mascotas, pues suelen ser irreversibles, progresivos, afectan a muchos órganos y se alteran mecanismos fisiológicos vitales, aunque hay una gran variedad individual.
Lo primero que debemos saber es que las alteraciones que antes sobrevienen normalmente son las de comportamiento: se altera el sueño, cambian los horarios, duermen más durante el día y deambulan durante la noche por la casa, pierden vivacidad, se interesan menos por los estímulos externos, hace falta llamarles varias veces para salir a la calle, apenas inician ellos secuencias de juego, reaccionan de forma tardía a atractivos tan grandes como una galleta de premio, a la llegada del dueño, al crujir del papel de un caramelo o golosina ; también les cuesta orientarse más que cuando eran jóvenes, se vuelven reacios a cambiar el itinerario de sus paseos, se asustan frente a situaciones nuevas y no saben cómo resolverlas, se sorprenden frente a estímulos luminosos fuertes, ruidos secos, personas extrañas y, por último, pueden ir olvidando cosas ya aprendidas: pierden el interés por seguir un mismo horario, a veces defecan y orinan en lugares inhabituales, ladran sin motivo aparente, etc, etc, etc.
El aspecto físico también cambia con la edad: normalmente se va adelgazando o engordando según el individuo o, mejor dicho, suele cambiarse el tejido muscular por el tejido graso, de forma que aparecen los “michelines”, aparece la flaccidez en varias partes del cuerpo, la piel cambia también su aspecto, volviéndose más gruesa, el pelaje suele perder brillo y suavidad, aparecen canas como en los humanos, tienen tendencia a perder pelo, pelo que ya no se recupera…
Interiormente también hay cambios: el esqueleto óseo se va degenerando y se va desmineralizando, las defensas disminuyen, la función renal se ve alterada, la capacidad de termoregularse va disminuyendo (de forma que les afecta enormemente tanto el frío como el calor); el tránsito intestinal se ve también afectado, así van alternando hambre con anorexia, diarreas con estreñimientos; los dientes comienzan a acumular sarro con todos los problemas que ello conlleva (infecciones, endocarditis…). Los sentidos van disminuyendo: la audición baja, el olfato se reduce (aunque normalmente es el que tarda más en alterarse), la agudeza visual se pierde y el perro se vuelve menos resistente y más débil.
El corazón empieza a afectarse, de forma que comienza a descompensar su funcionamiento y pueden comenzar las insuficiencias cardíacas, dilataciones, edemas,etc.
Lamentablemente también la vejez es la época de la vida en la que más tumores aparecen en nuestras mascotas.
Y volvemos a la misma recomendación de siempre: la observación de nuestras mascotas. Ayuda mucho al veterinario el que el dueño le cuente su vida cotidiana en casa. El profesional debe distinguir si su problema es patológico, si es realmente una enfermedad, o si es “simplemente” producto de la edad.
No podemos combatir contra el paso de los años, pero lo que sí está en nuestras manos es la prevención. Los chequeos geriátricos deberían estar al orden del día: ellos son los que pueden advertir al dueño y al veterinario de los cambios que, aunque inevitables, pueden ser más suaves y progresivos.
También los laboratorios veterinarios intentan mejorar la vejez del animal; así pues, hay abiertas continuas líneas de investigación en productos médicos dirigidos al envejecimiento cerebral, al deterioro cardíaco, al desgaste del aparato locomotor y dirigidos a la nutrición del animal, añadiendo a su lista de productos alimenticios, piensos o alimentos húmedos que coadyuvan al tratamiento médico.
La necesidad de compañía de las mascotas aumenta con la edad. No se la neguemos, puede ser muy reconfortante para ellos. Y, como siempre, confíe en su veterinario.
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Nutrición en nuestras mascotas
Esta es una ciencia cuyo objetivo es descubrir cuales son las sustancias esenciales para los animales y su función, en dosis óptimas. Estos conocimientos van aumentando cada día, puesto que todos los años aparecen nuevos alimentos, nuevas fórmulas, sustancias que parecen prevenir ciertas enfermedades, etc.
En los últimos 30 años los fabricantes de alimentos han progresado enormemente y han evolucionado desde el concepto de alimentación al de nutrición y nutrición-salud. Indudablemente la alimentación adecuada ha mejorado las condiciones de vida de nuestras mascotas y ha alargado su esperanza de vida.
Los alimentos actuales están formulados para casi todas las carencias que puede tener un organismo. Las fórmulas actuales tienen en cuenta todas las variaciones posibles entre perros de raza pequeña, mediana, grande y gigante, entre las diversas edades o estados –cachorros, adultos, señor, madres gestantes y lactantes-, entre razas –pastor alemán, golden retriever, yorkshire terrier, y también diferencias entre gatos, según su edad, su actividad, su sensibilidad, su hábitat, etc.
La variación de la alimentación incluye términos como nutrición como prevención y nutrición como tratamiento. Así podemos tener en el mercado, y no sólo de una marca comercial, alimentaciones que participan en el tratamiento de diabetes, alteraciones hepáticas, afecciones urinarias, alergias alimentarias, procesos tumorales, procesos propios del envejecimiento, gastroenteritis, etc.
Los dueños piensan en muchos casos que quieren más a sus mascotas cuanto más tiempo les dediquen… incluido el tiempo de preparación de su comida. Personas con necesidad de proyectar su amor a los demás emplean mucho tiempo en preparar carnes, arroces, calditos y todo tipo de menús para perros y gatos; el abrir el paquete de pienso o abrir una lata y ponerla en su comedero es emplear poco tiempo y, por consiguiente, “demostrar poco afecto”. Pero el verdadero amor por las mascotas en conseguirles lo mejor, incluida su alimentación. Se tiene tendencia a humanizar las costumbres culinarias, de forma que para nuestras mascotas queremos variedad en gustos y presentaciones, variedad en el “picoteo”o “tentempié”, variedad en el número de comidas…
Pero dejemos a los nutricionistas que estudien y elaboren productos adecuados para nuestras mascotas y que pongan en nuestras manos algo con lo que alimentarlas de forma correcta todos los días.
Leyendo los paquetes de pienso casi podemos volvernos locos; así, encontramos expresiones como contiene…, a base de …, rico en …, paté de …, compuesto de …, porcentajes de proteínas, de hidratos de carbono, de grasa, de fibra, de vitaminas A, B, C, E, K, de ácidos grasos omega tres y omega seis, etc, etc, etc,. De forma que, insistiendo siempre en ello, confíe en su veterinario y consúltele. El profesional le orientará sobre su alimentación preventiva y correcta y, por supuesto, sobre su alimentación coadyuvante al tratamiento de las posibles enfermedades de su mascota.
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